Corresponde asignar aquellos requisitos del recubrimiento, considerado aquí como epidermis del sistema pero también con una interacción con los estratos interiores (al menos las capas intermedias y los materiales de agarre), que aseguren su durabilidad. El proyecto de recubrimiento debe tomar en consideración:
- La ubicación, al menos en las alternativas más comunes de interior o exterior, pisable o no pisable
- Las cargas estáticas, el tipo y la intensidad de tránsito en el caso de recubrimientos pisables. El tipo de tránsito debe incorporar la previsión de cargas dinámicas y su cuantía, cuando el tránsito no es exclusivamente peatonal, así como el tipo de rodadura.
- La convergencia del tránsito y la ubicación lleva a la consideración del riesgo especial de abrasión (en pavimentos exteriores e interiores directamente comunicados con el exterior)
- Lo mismo hay que decir respecto a la resistencia al resbalamiento
- En exteriores, entramos en la previsión de las condiciones ambientales en la colocación y a lo largo de la vida útil del recubrimiento, sobre todo en cuanto a riesgo de ciclos de hielo/deshielo y oscilaciones térmicas importantes.
- Limpiabilidad y resistencia química están asociadas a exigencias de uso de los recubrimientos en exteriores e interiores bajo condiciones determinadas
- También la consideración de exigencias particulares, ya descritas en las exigencias funcionales
Toda esta información previa sirve para la selección de los materiales y la técnica de instalación. El diagnóstico y caracterización de los soportes de colocación será el complemento que confirmará o imposibilitará la técnica preseleccionada y, en su caso, determinará las actuaciones sobre esos soportes. Tras ello es factible concretar el proyecto de ejecución con más o menos detalle.