Constituye el elemento portante del entero sistema de recubrimiento, con la resistencia mecánica suficiente para soportar únicamente su peso en un revestimiento interior, pero también las cargas dinámicas y estáticas a las que se verá sometido en un pavimento (también en el caso de un revestimiento exterior con la presión del viento).
Este elemento estructural puede ser tan complejo como un forjado reticular o tan sencillo como una partición seca de cartón-yeso. Tan pesado como una losa armada de hormigón o tan liviano como un panel de poliestireno extrudido preparado para la colocación de baldosas.
Puede estar aparentemente desvinculado del recubrimiento rígido modular, por interponerse diferentes capas funcionales o constituirse en superficie de colocación por adherencia cuando los materiales y la técnica son compatibles con el comportamiento del soporte.
Asegurada la resistencia mecánica del elemento soporte le asignamos la característica estabilidad para evaluar su comportamiento frente a un acabado, el recubrimiento, que hemos adjetivado rígido respecto a los materiales que lo componen, las baldosas, y que sigue teniendo en gran medida esa consideración a pesar de las juntas entre baldosas y las juntas de movimiento que deben acompañarle en todos los casos.
Tras una somera introducción a los tipos de soportes más habituales, entramos en la definición del parámetro estabilidad con todas sus variables y que aplicamos sobre los soportes base y, después, sobre las capas intermedias.