En primer lugar subrayamos la trascendencia y complejidad de las capas intermedias que constituyen la base de un pavimento rígido modular. Trascendencia por cuanto de su correcta proyección y ejecución depende la calidad y durabilidad del pavimento. Complejidad por cuanto, en la mayoría de los casos, constituyen sistemas multiestrato, con materiales de diversa naturaleza y comportamiento, que dan respuesta a varios requisitos funcionales:
- Otorgar el plano de entrega al solado, con la planitud y nivel idóneos a la técnica de colocación por adherencia
- Conferir estabilidad al solado si se instalan materiales compresibles y/o el soporte base (solera de hormigón o forjado) es inestable
- Cumplir los requisitos de aislamiento acústico y/o térmico y/o impermeabilización que se especifican en el proyecto o se exigen en la reglamentación de la edificación
- Soportar las cargas dinámicas y estáticas de uso en la vida útil del edificio
En segundo lugar aportamos una aclaración sobre el término genérico de
capas de regularización que empleamos en la presente documentación, tanto en pavimentos como revestimientos. Se tomó de las Normas Tecnológicas de la Edificación españolas (publicadas desde 1973), asociándolo con capas cuya función única o principal es otorgar el plano de colocación que recibirá el material de agarre en las condiciones que se precisen según la técnica seleccionada (capa gruesa, delgada o media) respecto al nivel y planitud en pavimentos, o aplomado y planitud en revestimientos.
Esa vinculación a las características dimensionales del plano de colocación obliga a enunciar capas intermedias específicas según las funciones asignadas, reservando la denominación de
capa de nivelación a la capa de regularización que sólo debe soportar las cargas normales de uso en viviendas y que sólo tiene por objeto alcanzar una cota de entrega de la superficie de colocación u obtener una superficie con pendiente.
Las capas de regularización que deben soportar cargas dinámicas u estáticas superiores a las asignadas a la edificación residencial, caracterizadas por su resistencia a la compresión y a la flexotracción en algunos casos, reciben la denominación específica de
capas de reparto de cargas [en algunos documentos también
capas de compresión], alcanzando la resistencia mecánica demandada mediante la composición del hormigón o mortero, el grosor de la capa aplicada y la inclusión en algunos casos de una armadura.
Sin el concurso de otras capas, las de nivelación y reparto de cargas se consideran solidarias con el elemento estructural sobre el que se asientan. Cuando se interponen otras capas no adheridas o ancladas, fundamentalmente aislamientos, impermeabilizaciones de láminas o prefabricadas, o materiales que específicamente imposibilitan los vínculos entre el soporte base y la capa de regularización, que llamaremos
capas de desolidarización, tenemos el concepto de
solera flotante, una nueva base rígida e independiente del soporte base que asegurará la estabilidad del pavimento rígido modular, tanto frente a la inestabilidad del soporte base como, en su caso, frente a la
compresibilidad (también un tipo de inestabilidad) de otras capas intermedias. A su vez, la solera flotante es capa de nivelación o reparto en función de la resistencia mecánica requerida, normal en las soleras flotantes sometidas a cargas de uso propias de la edificación residencial.
Este desglose por especialización de las capas de regularización horizontales, tal como se representa en el esquema adjunto, se designa de forma más sencilla en normas y documentos técnicos de otros países. En Alemania se recurre al término genérico
recrecido para designar estas capas de regularización, distinguiendo las soluciones
monolíticas con el soporte base y las no monolíticas o
flotantes y dejando como características particulares la composición, grosor y la resistencia mecánica. En la normativa anglosajona se recurre al término “non-proprietary screeds”.