Superficies y sistemas radiantes Bajo el principio de contrarrestar las variaciones de temperatura de un recinto mediante el control de la temperatura de una o varias de sus superficies, con el objetivo de mantener el recinto bajo un rango de temperaturas asociado a la percepción de confort por el ser humano, se proyectan y se ejecutan diferentes sistemas que llamamos
radiantes desde una o varias superficies.
La(s) superficie(s) intercambia(n) calor por radiación y convección con el ser humano, con el resto de superficies y el ambiente del recinto. Las superficies radiantes tienen dos características destacadas:
- Se alcanzan mejores niveles de confort térmico pues el intercambio de radiación calorífica con el ser humano es en todas direcciones y de forma uniforme
- Se consiguen ahorros energéticos por la baja temperatura de ejercicio (en la calefacción) y posibilitar mayor temperatura en la refrigeración; es decir, mayor eficiencia en el intercambio energético; también por ser menores las pérdidas por ventilación e infiltraciones, al ser inferior la diferencia de las temperaturas entre el interior y el exterior.
Bajo criterios económicos, la radiación se concentra en una sola superficie o a lo sumo dos (suelo y techo), aprovechando un único circuito con agua caliente para calefacción desde el suelo y agua fría, desde el techo o desde el suelo.
El concepto de superficie radiante se concentra en los siguientes sistemas:
► Suelo radiante para calefacción Según la publicación
DTIE 9.04 de Atecyr
[1], son características fundamentales de este sistema:
- La temperatura superficial máxima para el suelo de 29 ºC [35 ºC en cuartos de baño y zonas perimetrales (hasta 1 m) en los recintos]
- La temperatura del agua, entre 30 ºC y 50 ºC, no debiendo superar en ningún caso los 55 ºC. Con ese rango, es posible emplear paneles solares, bombas de calor y generadores a baja temperatura
- Consecución de una óptima uniformidad de temperaturas, incluso variando la densidad de tuberías sobre zonas sometidas a más rápido enfriamiento (por ejemplo, junto a ventanas)
- Muy baja velocidad del aire (inferior a 0,05 m/s), con la favorable influencia sobre el confort térmico y la cantidad de partículas en suspensión, que es mucho menor que con otros sistemas, al no producirse turbulencias.
- Un mayor ahorro energético que con los sistemas convencionales, al superponerse:
- Menores pérdidas de calor en la red de distribución al operarse con agua a temperaturas mucho más bajas (como mínimo 25 ºC menos)
- Menores pérdidas por conducción desde el techo, al operar con aire en contacto con él 6-10 ºC por debajo
- Menor temperatura del ambiente para alcanzar el confort y, con ello, un menor salto térmico en el exterior.
Optimización de la gestión energética y logro del confort térmico a menor temperatura ambiente son las claves de este sistema. Por contra, son inconvenientes su mayor coste económico, la complejidad de reparación en caso de fuga y la necesidad de una ejecución precisa que prevea incluso el vaciado de la instalación y la purga de aire.
En recintos con techos altos todavía es más ventajoso este sistema, al trabajar con temperatura ambiente al menos 2 ºC por debajo de la necesaria en sistemas convencionales.
► Suelo refrescante Con la misma instalación y sistema generador por bomba de calor o máquina de absorción puede lograrse, con pequeñas variaciones en la instalación, que el suelo se mantenga fresco (a una temperatura no inferior a 19 ºC) siempre que no exista posibilidad de condensaciones en función de la temperatura y la humedad del ambiente. Este sistema no es apto en climas tropicales como consecuencia de que la temperatura de rocío es alta.