Al igual que en las baldosas cerámicas, el destino de la placa o baldosa de piedra natural y las exigencias de uso o prestaciones en ese destino marcan el proceso de selección del tipo de material y, en su caso, los tratamientos mecánicos y/o químicos (selladores, protectores, etc.) a los que debe someterse antes de su instalación. La respuesta a unas preguntas sencillas discrimina el tipo de piedra respecto a sus prestaciones.
- Pavimento o revestimiento en cuanto a consideración de características físicas asociadas al tránsito (tipo e intensidad):
- Resistencia a la flexión o módulo de rotura para poder deducir o bien el espesor necesario para soportar cargas de rotura preestablecidas, o bien calcular la carga máxima soportable en función del espesor
- Resistencia a la compresión, en baldosas destinadas a tránsito no exclusivamente peatonal
- Resistencia a la abrasión
- Resistencia al deslizamiento y/o derrape
- Resistencia al anclaje
Para el caso de revestimiento, sólo es exigible la resistencia a la flexión en bóvedas o para poder calcular la resistencia al anclaje
- Interior o exterior, para entrar en consideración de la durabilidad, asociada con la inalterabilidad que, a su vez, se concreta a través de:
- Resistencia a la helada, en exteriores con riesgo
- Resistencia al choque térmico
- Resistencia en atmósfera de SO2, en exteriores con contaminación atmosférica
- Resistencia a la cristalización de sales, en ambientes húmedos con aportación de sales solubles
- Cohesión granular, asociada a cambios dimensionales en placas de mármol de grandes dimensiones por cambios de temperatura
La combinación de los usos/ubicaciones previstos nos da la medida de la información que precisamos para caracterizar la piedra en función del destino.