Las grandes civilizaciones que surgen alrededor de los ríos Tigris y Éufrates constituyen el primer gran bastión de esa función estructural, constatado este hecho por los abundantes restos arqueológicos que han llegado hasta nuestros días. Es aquí precisamente donde se manifiesta la primera transición de la función estructural de la cerámica hacia la función decorativa, apareciendo no solamente la texturación superficial sino también una escueta paleta de vidriados que aportan una impermeabilización añadida y cromaticidad a los conjuntos decorativos.
En Occidente, las aplicaciones cerámicas en arquitectura se constatan hacia el siglo VIII antes de Cristo, siendo la civilización Etrusca quien incorpore el ladrillo, la teja plana y la terracota, incluso pintada, en la edificación suntuaria y religiosa. Este patrimonio cerámico será desarrollado profusamente por la civilización Romana, extendiendo el uso de la cerámica a otras aplicaciones como la conducción de aguas, las cubiertas, la calefacción doméstica y, por supuesto, las aplicaciones en la arquitectura civil. Más como técnicos que como creadores, los romanos nos legarán unas tipologías constructivas que pervivirán hasta nuestros días, a la par que las primeras estandarizaciones tanto para los tipos de productos cerámicos como para su uso.
Sin embargo, la cerámica arquitectónica vidriada estará ausente en la edificación romana, a pesar de haber conquistado territorios del Próximo Oriente en los que aquélla ya había alcanzado un notable grado de desarrollo. Tal vez la profusa utilización de materiales pétreos de calidad permitirá eludir esta concreta aplicación cerámica. Con todo, los pavimentos romanos en mosaico, a su vez tomados de la cultura griega, serán el antecedente de los recubrimientos cerámicos posteriores y, sobre todo, configurarán un repertorio formal que será utilizado con profusión en el futuro.
Será la cultura musulmana quien recoja todo el repertorio de usos y productos de la cerámica arquitectónica del Próximo Oriente, también la tecnología de fabricación, a la que agregarán elementos del Extremo Oriente en su etapa de expansión hacia el Este y, por supuesto, recogerán buena parte del repertorio formal generado en el Imperio de Bizancio, de la cultura griega remanente en Alejandría y una parte del arte y arquitectura del Norte de África. En buena proporción, la cerámica vidriada estará presente en la arquitectura islámica con una notable significación, formando verdaderos sistemas compositivos y alcanzando un grado de belleza y suntuosidad difícilmente superables en épocas posteriores. La tecnología cerámica, los vidriados y una nueva concepción del arte de revestir arquitecturas llegarán a Europa precisamente a través de la Península Ibérica.
La cerámica hispanomusulmana, desde el período califal hasta la última época del reinado nazarí, constituye un patrimonio único en el mundo, en el que se conjugan exquisitas técnicas decorativas con la profusión de repertorios y usos en la edificación suntuaria.