Institut de Promoció Ceràmica
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La Cerámica y el Arte de Revestir Arquitecturas

Revestimiento de un palacio en la llamada Ciudadela Meridional de Babilonia (aprox. 570 a.C.)
Los productos cerámicos de aplicación en la arquitectura aparecen con las primeras civilizaciones sedentarias, detrás de la representación figurativa y la cerámica de contenedor. Su evolución va pareja a la consecución de funcionalidad y a su incorporación como elemento decorativo.

En los primeros asentamientos de la Humanidad la cerámica está ya presente de alguna forma con la utilización de la arcilla para la construcción rudimentaria de los hornos y, muy especialmente, en aquellas civilizaciones que acceden a la metalurgia. Crisoles y picos de fuelle son los productos cerámicos más representativos de la tecnología metalúrgica.

El adobe, como ladrillo de barro, mezclado o no con arena y apelmazantes, será uno de los materiales primigenios de aquellas civilizaciones sedentarias, por su fácil conformación y por sus específicas propiedades de impermeabilidad, aislamiento térmico y reducido coste.

La necesidad de aumentar las prestaciones mecánicas y la perdurabilidad de este material estructural propiciará la evolución lógica hacia el ladrillo cerámico, cuando se pase del secado natural al sol a una primera cocción a baja temperatura, entre 450 y 500 grados centígrados.

Dejando a un lado el Extremo Oriente y por los restos arqueológicos investigados hasta nuestros días, podemos datar el comienzo de las aplicaciones cerámicas en la arquitectura en el período 2.600-2.000 a.C., en el Antiguo Egipto, aunque ya en esta etapa se presupone su extensión a otras áreas del Próximo Oriente. Precisamente, los egipcios son pioneros en la utilización de recubrimientos cerámicos vidriados, tanto en tumbas reales como en pavimentos suntuarios y dinteles de puertas, a la par que desarrollarán toda una tecnología de la construcción con ladrillo.

Aquellos asentamientos que dispongan de abundantes materias primas (arcillas, agua y vegetación como combustible) y que, por contra, no posean materiales pétreos de fácil utilización, serán los que más destaquen en la utilización del ladrillo, aunque esta conclusión no puede generalizarse. En cualquier caso, el ladrillo convivirá con el adobe, reservándose el primero para las construcciones de tipo suntuario, defensivo o religioso, aunque extendiéndose con el tiempo a la edificación privada.

Las grandes civilizaciones que surgen alrededor de los ríos Tigris y Éufrates constituyen el primer gran bastión de esa función estructural, constatado este hecho por los abundantes restos arqueológicos que han llegado hasta nuestros días. Es aquí precisamente donde se manifiesta la primera transición de la función estructural de la cerámica hacia la función decorativa, apareciendo no solamente la texturación superficial sino también una escueta paleta de vidriados que aportan una impermeabilización añadida y cromaticidad a los conjuntos decorativos.

En Occidente, las aplicaciones cerámicas en arquitectura se constatan hacia el siglo VIII antes de Cristo, siendo la civilización Etrusca quien incorpore el ladrillo, la teja plana y la terracota, incluso pintada, en la edificación suntuaria y religiosa. Este patrimonio cerámico será desarrollado profusamente por la civilización Romana, extendiendo el uso de la cerámica a otras aplicaciones como la conducción de aguas, las cubiertas, la calefacción doméstica y, por supuesto, las aplicaciones en la arquitectura civil. Más como técnicos que como creadores, los romanos nos legarán unas tipologías constructivas que pervivirán hasta nuestros días, a la par que las primeras estandarizaciones tanto para los tipos de productos cerámicos como para su uso.

Sin embargo, la cerámica arquitectónica vidriada estará ausente en la edificación romana, a pesar de haber conquistado territorios del Próximo Oriente en los que aquélla ya había alcanzado un notable grado de desarrollo. Tal vez la profusa utilización de materiales pétreos de calidad permitirá eludir esta concreta aplicación cerámica. Con todo, los pavimentos romanos en mosaico, a su vez tomados de la cultura griega, serán el antecedente de los recubrimientos cerámicos posteriores y, sobre todo, configurarán un repertorio formal que será utilizado con profusión en el futuro.

Será la cultura musulmana quien recoja todo el repertorio de usos y productos de la cerámica arquitectónica del Próximo Oriente, también la tecnología de fabricación, a la que agregarán elementos del Extremo Oriente en su etapa de expansión hacia el Este y, por supuesto, recogerán buena parte del repertorio formal generado en el Imperio de Bizancio, de la cultura griega remanente en Alejandría y una parte del arte y arquitectura del Norte de África. En buena proporción, la cerámica vidriada estará presente en la arquitectura islámica con una notable significación, formando verdaderos sistemas compositivos y alcanzando un grado de belleza y suntuosidad difícilmente superables en épocas posteriores. La tecnología cerámica, los vidriados y una nueva concepción del arte de revestir arquitecturas llegarán a Europa precisamente a través de la Península Ibérica.

La cerámica hispanomusulmana, desde el período califal hasta la última época del reinado nazarí, constituye un patrimonio único en el mundo, en el que se conjugan exquisitas técnicas decorativas con la profusión de repertorios y usos en la edificación suntuaria.

Bóveda califal de la maxura, de la Mezquita de Córdoba (ampliación de al-Hakam II (961-976)Patio de las Doncellas. Reales Alcázares, s. XIVPavimento medieval de cerámica azul. S. XV. Estancia de la 2ª planta del Palacio-Fortaleza de Alacuás (Valencia)

La superposición de las dos culturas, la musulmana y la cristiana, dará lugar a una singular expresión artística conocida universalmente como Arte Mudéjar. En la arquitectura Mudéjar, el ladrillo y la cerámica vidriada se funden en una unidad compositiva que no ha sido superada hasta nuestros días.

Hacia el siglo XVI la cerámica, vidriada o no, habrá cubierto prácticamente todas las aplicaciones en arquitectura e interiorismo, desde las estructuras hasta el mobiliario, y creando sistemas que han sido repetidos e imitados hasta la saciedad en etapas posteriores.

Confluyen en ese momento dos tendencias que prefiguran el futuro de las baldosas cerámicas. Por una parte, la incorporación de la plena policromía y la estética renacentista; por otra, la seriación decorativa y la simplificación del repertorio de formatos de la baldosa, imponiéndose el formato cuadrado como módulo fundamental de cualquier recubrimiento cerámico. La elitista decoración polícroma introducida por Francisco Niculoso Pisano en la azulejería sevillana y la profusión del azulejo de cuenca o arista, salido de los obradores de Muel, Sevilla y Toledo, son las expresiones más relevantes de esas tendencias, las cuales transcenderán los límites geográficos del Reino de España.

Patio de la Casa de Pilatos (hacia 1536). Sevilla. Juan y Diego PulidoArrimadero de azulejos sevillanos de arista. S. XVI. Salón de coronas del Palacio Ducal de Gandía (Valencia)

Panel con escudo del Reino de Valencia (Brazo político) de cerámica talaverana (1574). Salón de Cortes del Palau de la Generalitat (Valencia)
Los centros cerámicos de Portugal, Talavera, Cataluña y Valencia recogerán la antorcha de la innovación e impondrán con el paso del tiempo la azulejería polícroma, con decoraciones figurativas y seriadas que constituyen el antecedente de la producción industrial. Este proceso de innovación estética coincide en el tiempo con la gran expansión de la cerámica arquitectónica otomana, salida especialmente de los obradores de Iznik y también con una difusión relevante del uso de los recubrimientos cerámicos en la edificación residencial neerlandesa, expresión de la calidad de vida de la floreciente burguesía holandesa. La Península Ibérica, junto con Neerlandia y el Imperio Otomano serán los grandes focos de la producción y utilización de las baldosas cerámicas.

La pervivencia y expansión del uso de la cerámica vidriada en Arquitectura e Interiorismo están ligadas a los ciclos económicos que, con cierto paralelismo, acontecen tanto en España como en Portugal. Tras una etapa de declive en el siglo XVII, se inicia un proceso imparable de expansión de la cerámica vidriada, ocupando progresivamente espacios cada vez más diferenciados y adquiriendo carta de naturaleza en algunas de las aplicaciones que pervivirán hasta nuestros días. Durante el siglo XVIII aparecen modelos cultos innovadores, donde la baldosa cerámica está presente en grandes solerías, escaleras y en un espacio funcional, pero también convivencial que pasará a constituir un elemento constante en la edificación residencial: lo que hoy entendemos como cocina. Paralelamente, las decoraciones figurativas, a caballo entre la obra de autor y la popularización de los modelos cultos, darán paso a una seriación decorativa que simplifica los diseños y agiliza la colocación de las baldosas cerámicas, especialmente en zócalos y solerías. El patrimonio cerámico generado a finales del siglo XVIII no será superado en muchas décadas, hasta que se den los condicionantes que favorezcan la innovación técnica en la fabricación cerámica.

Revestimiento de campana de cocina (s. XVIII). Palacio del marqués de Benicarló (Castellón)Pavimento de los Cuatro elementos (s. XVIII). Galería Dorada del Palacio Ducal de Gandía (Valencia)

Con la llegada de la Era Industrial se producirá un doble acontecimiento que afectará directamente a la cerámica de aplicación arquitectónica:

  • El notable incremento de la edificación, como consecuencia de la explosión demográfica, las migraciones del campo a la ciudad y la propia actividad industrial. Esa edificación urbana e industrial provocará una fuerte demanda de productos cerámicos para la construcción, a su vez motor de la innovación tecnológica en la fabricación cerámica.
  • Consecuencia de lo anterior, la protoindustria cerámica incorporará nuevos procesos mecanizados para satisfacer esa demanda, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, a través de la diversificación y especialización de los productos.

Fábrica de Mosaico Nolla. Fachada exterior. 1919-1936
Pero a mediados del siglo XIX se superponen otros factores que van a ser cruciales en la expansión de la cerámica vidriada. Por una parte, las corrientes higienistas exigirán salubridad en la arquitectura civil, especialmente en aquellos espacios en los que se exija fácil limpieza y condiciones especiales por su función de uso; por otra, las clases sociales emergentes protagonizarán un fenómeno social relacionado con el punto anterior y con la ancestral cultura balnearia. Así, la cerámica vidriada, por su funcionalidad y posibilidades de expresión gráfica, cromática y textural, pasará a un primer plano en todo tipo de arquitecturas, desde la residencial suntuaria y la de segunda residencia, hasta la arquitectura pública de servicios e incluso el mobiliario urbano.

Lámina del Catálogo de Tarrés y Macia (baño)
Con el paso del tiempo y el abaratamiento de los productos cerámicos, consecuencia misma de los avances en la tecnología de fabricación, los usos de la cerámica en la edificación alcanzarán una dimensión popular como nunca habían tenido en Occidente.

El aldabonazo final en este proceso de expansión de los productos cerámicos, especialmente las baldosas vidriadas, vendrá dado desde la arquitectura culta, con los sucesivos movimientos que acontecen en las últimas décadas del siglo XIX y primera del XX. En nuestro país, la singular obra de Antoni Gaudí, la Arquitectura Modernista y la Arquitectura Regionalista representan la culminación de este proceso. La potencia y significación estética del lenguaje cerámico transciende en unas décadas a estos movimientos cultos, con una versión popular protagonizada por la arquitectura vernácula y de maestro de obra, que perdura hasta la Guerra Civil. Los recubrimientos cerámicos, junto con el pavimento hidráulico, alcanzarán la universalidad. Estamos frente a un fenómeno único en el Mundo, compartido con Portugal.

Revestimiento en el techo del bar de la Estación del Norte (Valencia, 1906), de Demetrio RibesFachada en el Cabanyal (Valencia)Zaguán con pavimento hidráulico neobarroco y arrimadero modernista de influencia Dèco (principios de s. XX). Vivienda unifamiliar de Burriana (Castellón)Zaguán con pavimento y  arrimadero de mosaico Nolla (1900). Centro cultural de Burriana

Con el Racionalismo se inicia el declive en el uso de este producto. Es una cuestión conceptual pero también consecuencia de la transición de una construcción artesanal a otra protoindustrializada en la que se sustituyen materiales y se innovan técnicas constructivas. Además, la industria cerámica quedará estancada no sólo en la renovación tecnológica sino también en la innovación de productos. La cerámica vidriada se recluirá en el baño y la cocina y la no vidriada ocupará solamente la parcela restringida de la cerámica estructural, aún con el peligro de ser desbancada por los prefabricados y derivados del cemento. A este declive tampoco es ajena la competencia de otros materiales alternativos que, esencialmente por precio, competirán frontalmente con la cerámica, desde los fibrocementos hasta el pavimento hidráulico y la piedra artificial.

Desde 1945 hasta mediados de la década de los años 80, la industria cerámica experimentará notables transformaciones tecnológicas que llevarán primero a la recuperación de la competitividad, y posibilitarán después la innovación de la baldosa cerámica, tanto en sus características intrínsecas como en los aspectos formales. Precisamente, esa innovada tecnología de proceso ha permitido recuperar para la cerámica posibilidades de expresión artística que habían quedado relegadas a una residual producción artesanal. Por otra parte, la mejora de la calidad técnica ha permitido recuperar o proponer nuevas aplicaciones, en las que los recubrimientos cerámicos son una opción interesante bajo los aspectos funcionales, estéticos y económicos.

Detalle celosía en edificio de Mutua General de Seguros (Barcelona). Cerámica de Toni CumellaCentro de Convenciones de Nara (Japón, 1998), del Arquitecto Arata Isozaki. Detalle interiorPabellón de España en Aichi (Japón)

Hoy en día nos encontramos con una oferta cualificada de recubrimientos cerámicos, con prestaciones acordes a la función de uso, que pueden aspirar a revestir espacios residenciales y no residenciales, en igualdad de condiciones técnicas y económicas a productos alternativos del mismo uso, con el valor añadido de sus inimitables propiedades de expresión gráfica, cromática y textural.

Esta positiva evolución de la baldosa cerámica ha venido acompañada, desde los años sesenta, de profundas transformaciones en la tecnología de colocación, especialmente con la incorporación de materiales de agarre y rejuntado que permiten un óptimo comportamiento del sistema cerámico sobre los nuevos soportes que la edificación industrializada ha ido incorporando, y bajo las condiciones ambientales y de uso más desfavorables.

En la medida que se ha asegurado la calidad técnica de la baldosa cerámica y la oferta de la industria satisface las necesidades funcionales y estéticas de la Arquitectura y el Interiorismo, se ha propiciado una nueva proyección que vuelve a contar con el ladrillo y la cerámica vidriada como materiales idóneos.

Precisamente es en áreas geográficas donde no ha existido una tradición en la utilización de la cerámica vidriada donde en estos momentos se da un fenómeno expansivo en la utilización del producto, tanto en proyectos de interiorismo (espacios húmedos lúdicos, restauración, hostelería, rehabilitación de arquitecturas públicas, grandes superficies comerciales, etc.) como en exteriores (fachadas, mobiliario urbano, arquitectura de segunda residencia, etc.).

En el contexto de una edificación plenamente industrializada que recurre, cada vez con mayor frecuencia, a los prefabricados y en la que la calidad va unida intrínsecamente a la funcionalidad y estética de los espacios y elementos constructivos, el éxito de la cerámica en general y de la baldosa en particular depende de su adaptación a esos requerimientos funcionales y estéticos.

Bajo la nueva tecnología de colocación y con las nuevas generaciones de baldosas cerámicas tenemos ya un patrimonio arquitectónico de varias décadas, en el que la cerámica alcanza una significación que enlaza, aún en áreas geográficas muy distantes, con la arquitectura mediterránea, donde la cerámica ha estado siempre presente.

En cierto modo asistimos a un nuevo renacimiento cerámico, ahora de la mano de la última tecnología constructiva.

Envolvente cerámica en el Palacio de la Ópera de Sydney (Australia, 1973), del Arquitecto Jørn HutzonFuente Vanitas en Wassenaar (Holanda), según proyecto de Dora DolzMonumento al Pescador, de Arcadi Blasco. El Campello (Alicante)

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