Los materiales rígidos modulares gozan de otra propiedad: ofrecer su superficie vista con una textura, tan imperceptible visualmente como la presentada por los vidriados mates y granulares en las baldosas cerámicas o tan contundente como las piezas cerámicas tridimensionales.
La textura enriquece la expresividad de la superficie de una baldosa, al tacto y a la vista. Si se presenta acentuada (altorrelieve o bajorrelieve) aporta un nuevo atributo: la variable percepción óptica en función de la variación de incidencia de la luz. Esta propiedad es muy apreciada en aplicaciones de fachada por algunas culturas, especialmente la nipona.
Con la tercera dimensión logramos que la baldosa se haga escultura y el recubrimiento un mural tridimensional.
Los materiales pétreos alcanzan esa característica solamente mediante tratamientos mecánicos, como es el abujardado. Sin embargo, la cerámica ha enriquecido su superficie desde tiempos remotos mediante diversas técnicas entre las que destaca la
conformación en estado plástico.
Con los actuales procesos de fabricación pueden alcanzarse texturas complejas que nos remiten a las mejores creaciones de la Naturaleza, tanto del Reino Mineral como Vegetal. Sigue vigente el slogan “La cerámica ... Ver y Tocar”. En las baldosas destinadas a solados la textura y/o el relieve determinan en buena medida
la resistencia al resbalamiento o al derrape.