Institut de Promoció Ceràmica
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Caso 1. Prevención de la Disfunción

Un pavimento rígido modular como es el cerámico precisa estabilidad para asegurar el mantenimiento de la adherencia de las baldosas a la superficie de colocación. Estabilidad que se traduce en constancia dimensional del sistema sobre el que asienta el pavimento cerámico. Tenemos en primer lugar el elemento estructural, habitualmente una solera de hormigón o un forjado, que consideramos estables cuando:

  • Tienen una edad superior a 6 meses
  • Las luces de los forjados (distancia entre pilares) son menores a 4,5 m (con cantos de 30 cm) si son empotrados y 4 m si son apoyados

Si no se cumplen estas condiciones de estabilidad (por ejemplo, soleras de hormigón de edad inferior a 6 meses o forjados de cualquier tipo con luces superiores a 5 m), debemos adoptar sistemas constructivos que inhiban al pavimento cerámico de la inestabilidad del elemento estructural sobre el que se asienta:

  • Mediante una capa que desolidarice el soporte de los estratos superiores, desde el garbancillo de la colocación “al tendido” hasta un geotextil o una lámina fonoaislante. Esta medida nos protege fundamentalmente de la retracción de los aglomerados de cemento.
  • A través de la ejecución de una solera que amortigüe al menos la concavidad generada en el centro de un forjado (flecha activa). Conseguimos ese objetivo con una capa de mortero semiseco, de al menos 45 mm de grosor, maestreada y fratasada, que dará la superficie de colocación.

En segundo lugar tenemos la capa de nivelación (u otras capas intermedias), que nos dará la superficie de colocación entregada. Tenemos estabilidad si se ha completado el proceso de endurecimiento en condiciones normales de humedad y temperatura; es decir, la retracción del aglomerado de cemento prácticamente ha finalizado. Hablaremos de una solera o capa de nivelación estable cuando:

  • Han transcurrido más de 28 días desde su ejecución
  • La humedad superficial es inferior al 3%
  • Presenta buena cohesión, ausencia de fisuras y coloración uniforme

En tercer lugar tenemos las baldosas, consideradas aquí por su formato, y las dimensiones de la superficie que va a recibir el solado. Dado que la inestabilidad se concreta en reducción dimensional y en flexión del elemento estructural, el pavimento cerámico estará sometido a compresión y las baldosas individuales a esfuerzo de cizalladura respecto al material de agarre.

Además, el pavimento en su conjunto está sometido a la inestabilidad del edificio donde se ubica, en función especialmente de la edad de los elementos constructivos.

En consecuencia, los levantamientos se evitarán si conseguimos liberar el pavimento de las tensiones de compresión mediante:
 
  • Estrato de desolidarización con la capa de compresión de los forjados
  • Soleras de nivelación ejecutadas con morteros semisecos de baja retracción, respetando los 28 días, antes de  la instalación de las baldosas
  • Colocación siempre a junta abierta mínima de 3 mm en interiores y 5 mm en exteriores, rellenada con materiales de rejuntado a ser posible deformables
  • Disponer juntas de movimiento perimetrales que penetren hasta las soleras o capas de deolidarización, de 6 mm de anchura mínima. En el caso de un pavimento, estas juntas quedan ocultas por el rodapié o el alicatado y no existe inconveniente estético para asumirlas, aunque debieran ejecutarse también en los huecos, en el centro de las hojas de las puertas.
  • Colocar en capa delgada con adhesivos C 1 ó C 2 a partir de formatos de superficie superior a 900 cm2 y también deformables con baldosas de superficie superior a los 1.600 cm2 [C 1 S1, C 2 S1].

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