Institut de Promoció Ceràmica
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Histórico

Pérdida de aspecto por ataque químico generalizado en un solado cerámico
La adecuación al uso de la baldosa cerámica, sobre todo la destinada a pavimento, es un objetivo esencial si pretendemos asegurar el buen comportamiento en el tiempo de un recubrimiento cerámico sometido a agresiones mecánicas, químicas e incluso condiciones climáticas adversas.

Las baldosas fabricadas bajo proceso de bicocción, según la tecnología de proceso disponible en el período 1960-1980, tenían un mal comportamiento en el tiempo por la naturaleza de los vidriados usados, casi todos basados en borosilicatos y bisilicatos de plomo, aplicados indistintamente sobre baldosas destinadas a revestimientos y sobre el cottoforte italiano (grupos BIIb y BIII, con formatos alrededor del 200x200x9 mm). La mayoría de los fabricados tenían una baja resistencia mecánica a la abrasión superificial, y una resistencia química todavía más débil incluso a productos químicos convencionales de limpieza, con decoloración y degradación superficial por el simple contacto con el salfumán (ácido clorhídrico diluído).

Es en ese contexto cuando se inician los trabajos de redacción de la primera norma europea, a partir de 1977, desde un grupo de países (España, Francia, Grecia, Italia y Reino Unido) que pretenden unificar criterios para definir y evaluar las características dimensionales, propiedades físicas y químicas de las baldosas cerámicas.

A partir de aquella norma se establece un debate sobre la vinculación de estas características con la potencial exigencia de prestaciones para una baldosa destinada a un pavimento sometido a un tipo e intensidad de tránsito determinados. Solamente un organismo oficial, la Asociación Francesa de Normalización, emite documentos que pretenden vincular las características técnicas de las baldosas con su adecuación al uso: la clasificación UPEC, adaptada a las baldosas cerámicas desde otros tipos de materiales para pavimentos. Aún con sus limitaciones y su única implantación en Francia, continua siendo una referencia importante para la clasificación de las baldosas respecto a su uso.

El documento "Cuaderno 2898" del CSTB (1996) establece una clasificación "NF-UPEC" para baldosas esmaltadas destinadas a pavimento que considera:

  • 4 niveles de resistencia a la abrasión superficial (U2, U2S, U3, U4S)
  • Dureza, resistencia al impacto ligero, grosor y resistencia a la flexión para la asignación de los niveles P2 y P3.

A su vez, clasifica las baldosas UGL homogéneas (sin ningún tratamiento superficial) en función de:

  • La abrasión profunda (niveles U2, U2S, U3, U3S y U4)
  • El lado mayor de la baldosa (entre 100 y 333 mm, o menor o igual a 200 mm), el grosor (4, 7 y 11 mm), la resistencia a la flexión (fuerzas de rotura iguales o superiores a 600 N y 1.500 N, con módulo de rotura igual o superior a 27 N/mm2), la resistencia a la rodadura y al impacto pesado, todo ello para lograr los niveles P2, P3, P4 y P4S

Esta misma clasificación se aplica a las baldosas UGL no homogéneas si la recocción de las probetas por su cara vista no produce adherencia.

Pero además, contempla conjuntamente la resistencia química y a las manchas, tras las pruebas de resistencia mecánica, para definir las categorías C1, C2 y C3, esta última reservada a productos químicos específicos.

En resumen, estamos en 1996 frente a una propuesta seria de caracterización que debiera haber servido como pauta para proponer un modelo europeo, o incluso internacional, para vincular las características de la baldosas cerámica con el aseguramiento de la durabilidad o resistencia a la pérdida de aspecto en un rango de aplicaciones concretas; por ejemplo, la clasificación de locales del "Cuaderno 2899" del CSTB (1996).

Con el proyecto de norma internacional ISO 13006 se acomete una modificación de algunos métodos de ensayo para la caracterización de las baldosas cerámicas o se introducen características nuevas con sus correspondientes ensayos. Buena parte de las novedades introducidas en ese proyecto de norma se trasladan a la nueva norma europea EN 14411, con algunos avances que permiten predecir el comportamiento de la baldosa respecto a la pérdida de aspecto:

  • Una modificación del método de ensayo dedicado a la abrasión superficial de las baldosas esmaltadas que incluye un nivel 5 vinculado al comportamiento frente a las manchas después de la máxima etapa de abrasión (12000 giros). Además, la norma EN 14411 incorpora un documento informativo (Anexo N), asociando la resistencia a la abrasión superficial con la modalidad e intensidad del tránsito.
  • Un nuevo método de evaluación de la resistencia química que prevé no solamente el comportamiento frente a productos de limpieza, sales para piscina y ácidos/bases a baja concentración, sino también ensayos de resistencia química a ácidos y álcalis en alta concentración.
  • Un nuevo método de ensayo destinado a medir la resistencia a las manchas, que incorpora una clasificación en 5 niveles en función de la mayor facilidad de limpieza, aplicable obligatoriamente a todas las baldosas GL y voluntariamente a las baldosas UGL. La aplicación de este ensayo sobre todo tipo de baldosas (la norma EN 14411 solamente lo exige en baldosas vidriadas) después de etapas de abrasión superficial y ataque químico puede ser de gran ayuda para evaluar la resistencia a la pérdida de aspecto.

Con estos antecedentes, la Comisión Técnica del Proyecto Colocación dedicada a baldosas, establece en 1997 unas directrices para la selección de la baldosa cerámica en función de su lugar de destino. En cuanto a la previsión de resistencia a la pérdida de aspecto por acción mecánica se mantiene la medida de la dureza (la suprimida norma EN 67-101-92) y se incorpora la pérdida de brillo especular medida con reflectómetro estándar a 60ºC (según el método de ensayo contemplado en la norma ISO 2813). Se establecen unos niveles mínimos de resistencia a la pérdida de aspecto asociados a las características antes enunciadas y en función del tipo e intensidad de tránsito, tal como se refleja en los siguientes cuadros.

Para la resistencia química se establecen también unos niveles en función del lugar de destino de la baldosa, con una clasificación derivada del método de ensayo contemplado en EN ISO 10545-13. La resistencia química se concreta en los niveles A, LA, HB, para todo tipo de baldosas, muy por encima de las exigencias de norma (clase B de resistencia a productos domésticos de limpieza y sales para piscina y obligación de declarar los resultados del ensayo de resistencia a bajas concentraciones de ácidos y álcalis, a excepción de las baldosas del grupo BIII).

En el período 1992-2002 también se emiten algunas propuestas desde el Centro Cerámico de Bologna en las que se vincula la pérdida de aspecto con las agresiones mecánicas y químicas y después, conjuntamente, con la limpiabilidad.

A casi 10 años vista de estas propuestas no se ha avanzado ni en la difusión de la codificación de las baldosas en función de sus prestaciones, ni en la clasificación según sus características, si bien algunas empresas ya han adoptado criterios más o menos unificados para la segmentación de sus baldosas en función de las áreas de destino.

Las manchas generadas por eflorescencias constituyen un apartado a considerar en solados ejecutados con baldosas de tierra cocida (grupos AIII ó CIII fundamentalmente), aunque en los últimos años se ha avanzado bastante en la superación de este defecto, tanto mediante tratamientos superficiales después de la colocación, como con la adopción de técnicas de colocación que bien prevén impermeabilizaciones extensibles sobre las superficies de colocación, o bien adoptan la técnica de colocación en capa delgada con adhesivos cementosos.

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