Los materiales líticos constituyen, junto a la madera y el barro, el componente esencial en la edificación desde los orígenes de la actividad constructiva de la humanidad. El desarrollo tecnológico surgido a partir de la Revolución industrial produjo una reducción de su aportación en estructuras murarias, pero impulsó su aplicación en diferentes soluciones constructivas, mejorando las técnicas de extracción, corte, tratamiento superficial y, más recientemente, de su anclaje al edificio, integrando sistemas edilicios muy eficientes.
De la importancia de la piedra deriva la necesidad de profundizar en el conocimiento de sus características físicas, químicas y mecánicas, los procesos de degradación y la patología que induce, las técnicas para su tratamiento, conservación o reparación. Y a ese objetivo atiende la presente publicación, que aborda, en un riguroso y prolijo estudio, la investigación básica y aplicada al material, al sistema constructivo y a su integración en edificaciones y obras públicas.
La obra incorpora el valor añadido de dar adecuada respuesta a la preocupación por la conservación y restauración del patrimonio construido, en la arquitectura y la ingeniería, mediante la aplicación del método científico a la investigación básica y aplicada desarrollada en el sector de la rehabilitación y la restauración, en la que el autor ha desarrollado una ingente labor, reconocida internacionalmente.
Con esta publicación, que extiende su análisis a las fábricas de ladrillo y a los morteros, se cumple uno de los objetivos básicos de las organizaciones profesionales, que es el de facilitar herramientas útiles para desarrollar su trabajo a los profesionales, a los docentes, a las empresas del sector y a los responsables de la conservación y el mantenimiento del patrimonio edificado, en las mejores condiciones para obtener los resultados de calidad, fiabilidad y durabilidad que la sociedad demanda.
Constituye una satisfacción para el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España la edición de esta obra, que aborda los aspectos más relevantes de nuestro ejercicio profesional: el conocimiento de los materiales, de las soluciones constructivas, de los procesos de ejecución, el análisis de las lesiones, las técnicas de rehabilitación y restauración y la metodología para su adecuada conservación y mantenimiento. Estamos convencidos de su utilidad práctica, al cubrir una laguna importante en el sector de la construcción, gracias al esfuerzo del autor al aglutinar y sintetizar el disperso estado de investigación y la dispar difusión de su aplicación. El libro se enriquece con la aportación de numerosos ejemplos de aplicación, intervenciones del autor que vienen a enfatizar la importancia que la obra tiene en el sector de la construcción y de la restauración de nuestro patrimonio monumental.
JOSÉ ANTONIO OTERO CEREZO
Presidente del Consejo General
de la Arquitectura Técnica de España
No saber lo que ha ocurrido antes de nosotros es como seguir siendo niños.
Marco Tulio Cicerón
Y la historia también está reflejada en la piel y la estructura de nuestros monumentos. Preservar esta historia es uno de los objetivos fundamentales de las intervenciones sobre el patrimonio construido.
Consideraremos, pues, a la piedra no sólo en sus aspectos inmanentes, sino en su contingencia como elemento histórico, ya que es esta contingencia la que queremos conservar. En este sentido, "las piedras hablan", nos cuentan de nosotros mismos al testimoniar a nuestros antepasados.
Esta forma de concebir, sin embargo, no siempre se encuentra presente en las intervenciones. Demasiadas veces, en su realización, el monumento es considerado, únicamente, como un objeto arquitectónico, con predominio de criterios estéticos siempre sujetos a vaivenes de gustos y modas. Se desconsidera su valor como memoria colectiva, valor que nos particulariza y constituye el referente frente a una, cada vez más imperante, cultura global y anodina donde la arquitectura, la música y demás manifestaciones, igualan, por ejemplo, Pekín con Nueva York. Las rehabilitaciones abusivas, las limpiezas extremas y la descontextualización del entorno por la inclusión de lo que se viene denominando como "arquitectura de hitos" o "arquitectura de contraste", vienen causando daños progresivos en un objeto delicado e irremplazable.
Por otro lado, ya están lejos los tiempos en que la conservación de la piedra se confiaba a recetas tradicionales, algunas con efectividad probada por el tiempo, y otras derivadas de novedades, en su momento, que el devenir histórico ha mostrado lesivas.
Desde hace unos años, el mundo de la ciencia y la técnica se ha ido progresivamente interesando en la conservación del patrimonio y, específicamente, en la de los materiales históricos. En parte, quizá, como consecuencia de la necesidad de controlar la aplicación, muchas veces indiscriminada y con resultados dispares, de los productos que la industria química de la construcción y el desarrollo tecnológico han ido poniendo en manos de los profesionales. En el panorama actual es cada vez más frecuente, sobre todo en Europa, encontrar laboratorios, equipos en institutos del ramo y universidades preocupados por estos temas.
En el presente nos encontramos con un horizonte en el que las intervenciones son más frecuentes que en el pasado y en el que se dedican más recursos a la restauración. Ello ha sido una consecuencia de la sensibilización de la sociedad (que ha presionado sobre políticos y administradores), y se ha derivado, en gran parte, de la comprensión del patrimonio como una importante fuente de riqueza a través del fenómeno del turismo cultural, actualmente con fuerte desarrollo. Debemos informar a nuestra sociedad, sin embargo, de que este panorama, desgraciadamente, no debe ser causa de alegría. Es muy poca la inversión realizada en el estudio y conocimiento de nuestro patrimonio edificado en comparación con el que se destina a ejecución de obra. Como consecuencia de ello, muchas de las intervenciones que se vienen realizando causan más daño que beneficio al haberse diseñado sin la suficiente comprensión del objeto de la misma. Quizá por ésta y otras razones, se ha llegado a afirmar que el pasado siglo ha sido el más destructor de patrimonio con respecto a los que le precedieron y que los restauradores del futuro estarán muy ocupados tratando de corregir los errores que en la actualidad se están cometiendo.
No hay que responsabilizar de ello, sin embargo, a los equipos que diseñan y controlan las actuaciones, ni a las empresas que las ejecutan, sino a la dinámica que se ha establecido y en la que se encuentran inmersas. En efecto, hoy en día, la conciencia social se satisface con las noticias de inversiones en conservación, en la creencia de que éstas son una garantía para preservar de nuestro patrimonio. En consecuencia, los políticos y administradores son mucho más reacios a subvencionar estudios y labores de prevención y mantenimiento que actuaciones espectaculares que permitan "salir en la prensa y ganar votos". Como resultado, los equipos técnicos tienen que proyectar la restauración, muchas veces, "en barbecho", sin los recursos más elementales para poderlo hacer con garantías, lo que implica un insuficiente conocimiento del objeto de la intervención. Las empresas ejecutoras, a su vez, y a pesar de sus escrúpulos, se ven obligadas a ejecutar partidas de actuación mal planteadas para no quedarse fuera del mercado. El resultado son intervenciones cortas o exageradas, ajustadas más a presupuesto que a la necesidad del monumento, cuando no claramente erróneas, innecesarias o improcedentes.
No se trata de buscar culpables, sino de poner de manifiesto el problema para que vaya calando en la conciencia social y ésta comience a exigir no solamente que se dediquen recursos a la conservación del patrimonio, sino que éstos se utilicen correctamente en su beneficio.
Pero no sólo es el mundo de la restauración el que se ha visto auxiliado por la tecnología, más bien ha sido un camino de doble sentido ya que muchos avances, que nacieron en el mundo de la conservación del patrimonio, se han ido aplicando, con las correspondientes modificaciones, a la industria de la construcción, especialmente al campo de las rocas ornamentales. Es por ello, por lo que tienen en común, que aquí se estudia la piedra, tanto en su vertiente como material tradicional, como en sus usos y aplicaciones actuales. Se incluyen también referencias al ladrillo y morteros por su similar naturaleza, comportamiento y patologías, y por las interacciones entre unos y otros materiales una vez colocados en la fábrica de las estructuras.
Los avances científicos, sin embargo, no siempre se transmiten al mundo de la obra, ni mantienen una visión clara de las necesidades de la misma. Todavía existe una incomunicación entre ambos ámbitos, con objetivos y perspectivas muy diferentes, y se echa de menos un lenguaje común. No es raro encontrar proyectos que prevén la aplicación generalizada de productos "milagrosos" a la totalidad del edificio, o proscribiendo determinados métodos de limpieza o tratamientos; lo que quizá se olvida es que no existen productos o métodos buenos o malos, sino adecuados o inadecuados para el objeto en cuestión. Esta situación se debe, en el mejor de los casos, al desconocimiento acerca de dónde buscar la información oportuna y, en el peor, a la ignorancia de que esta información existe.
En cualquier caso, hay que insistir en que no existen panaceas y que la idoneidad de uno u otro método varía, en cada caso, con la historia, ambiente y estética del edificio, con la naturaleza y características del material que lo compone y con las agresiones que, predeciblemente, va a sufrir.
Pero el conocimiento de la naturaleza y comportamiento de los materiales de construcción no sólo es esencial en obra nueva o para la restauración del Patrimonio Histórico; hoy en día se dispone de un ingente patrimonio construido en obra civil y arquitectura que es preciso mantener. Este mantenimiento implica gran cantidad de recursos. Pensemos, por ejemplo, en los puentes de fábrica de la red ferroviaria: su mantenimiento entraña unos costes muy elevados y fuertemente dependientes de la idoneidad de técnicas y métodos utilizados para llevar a cabo esta labor. No llama la atención, en consecuencia, que la ingeniería y la arquitectura, preocupadas en el pasado por desarrollar las técnicas constructivas, apunten a un futuro donde el punto de mira se sitúe en cómo mantener lo ya construido.
Es en este aspecto donde se sitúa la necesidad de formación de cuadros técnicos y donde se enmarca la intención de este libro. A menudo, los laboratorios desconocen las implicaciones en la obra de los fríos resultados analíticos, mientras que el mundo de la obra también desconoce cómo traducir dicha información a sus consecuencias prácticas. Este libro constituye un intento para contribuir a establecer un lenguaje común que permita la ósmosis entre ambas aproximaciones a la construcción, sea ésta histórica o actual.
En coherencia con el fin antedicho, no se pretende aquí enfrentar al lector a una marcha de montañero a lo largo de la enumeración de técnicas para conservar la piedra, sino más bien a un tranquilo paseo por el jardín de la experiencia y el conocimiento. Somos bien conscientes de las dificultades y repechos que todo camino conlleva, por lo que es nuestra intención suavizar estos pasos, en lo que nos ha sido posible, a quien quiere introducirse en el tema. Si alguien busca aquí, en consecuencia, un arduo tratado para especialistas, acoplado a la burocratización que viene atenazando la libertad en el pensamiento e investigación en los últimos tiempos, resultará frustrado. Mantenemos la firme convicción de que un lenguaje abstruso no es síntoma de rigor, sino el medio de establecer recintos para elites autoproclamadas. Por tanto, no participamos de la idea de que una forma de expresión ininteligible, salvo para esas elites, sea síntoma de mayor inteligencia y capacidad, sino el inútil intento de establecer una barrera para el acceso a unos conocimientos que, en definitiva, son patrimonio común. Bien es cierto que ello obliga a un esfuerzo de comunicación con nuestros lectores no familiarizados con la jerga. En este sentido, la conveniencia de utilizar ciertos términos técnicos con precisión, pero haciéndolos al mismo tiempo fácilmente asequibles a los lectores, nos ha llevado a la necesidad de construir un glosario. Por estas mismas razones, se han señalado, con un fondo azul, aquellas partes referentes al fundamento científico de los procesos, y que permiten una comprensión más profunda al profesional que así lo desee.
También hemos obviado, en todo lo posible, abrumar al lector con prolijas referencias bibliográficas que caracterizan otros textos, más adecuadas para el especialista que para el profesional responsable en obra, de la buena conservación, construcción, o mantenimiento. Ello no ha sido óbice para suministrar una lista bibliográfica que permita ampliar sus conocimientos a los estudiosos interesados en el tema.
Se ha tratado en este libro de abrir caminos, promover ideas y estimular la imaginación y creatividad, así como de señalar posibilidades. Y todo ello, sin renunciar a la exposición de los conocimientos y la experiencia que se han ido acumulando en el campo de la conservación de la piedra, tanto por otros pioneros que han venido explorando el territorio, como por nosotros mismos.
En definitiva, tratamos de acompañar al lector en un paseo por lo que ha sido nuestra experiencia de muchos años y de hacerle partícipe de nuestro asombro al ir descubriendo, día a día, que bajo las frías técnicas que hemos ido utilizando o desarrollando, se iba revelando parcialmente el oscuro misterio que envuelve nuestro pasado como colectivo, como humanidad, inscrito en nuestro Patrimonio Histórico material; nuestro asombro al percibir que los resultados de los ensayos y análisis no nos estaban describiendo un objeto ajeno, sino que nos hablaban de nosotros mismos, de nuestra forma de pensar, de nuestra forma de sentir, en definitiva, de nuestra forma de ser. Es ésta, en consecuencia, una obra humilde, escrita en el oscuro rincón desde el que se contempla un paisaje inmenso que invita a ser recorrido y explorado, ante el que uno se siente insignificante; una obra más llena de hipótesis que de tesis, plena de preguntas y con más incertidumbres que respuestas cerradas y definitivas.
Esperamos, en consecuencia, que este libro constituya un documento de referencia para arquitectos técnicos, aparejadores, arquitectos, restauradores, historiadores, arqueólogos, ingenieros, petrólogos, biólogos y, en general, para todos aquellos que se enfrentan a la tarea de impedir que la presión del tiempo y la presión de los tiempos que discurren vayan desdibujando los rasgos del Patrimonio Histórico que nos permiten investigar en nuestras raíces, e integrarlas en nuestra forma actual de vivir. También esperamos que este libro sea de utilidad para los que, sin trabajar en Patrimonio Histórico, dedican su actividad profesional a la construcción y mantenimiento del patrimonio en uso.
JOSÉ MARÍA GARCÍA DE MIGUEL