PRESENTACIÓN
Desde las últimas décadas de '400 y hasta bien entrado el siglo XVII, Trujillo fue uno de los focos arquitectónicos más relevantes del norte de Extremadura; también, junto a Mérida, Coria, Cáceres y Plasencia cuna de im portantes maestros de cantería, de afamados clanes y linajes cuya solícita destreza en el manejo del baivel y la maceta, de la geometría y la estereotomía traspasó nuestras fronteras allende el Atlántico.
El rastreo de las fuentes documentales, tan ricas y extensas, que atesoran los archivos trujillanos: Municipal, de Protocolos y parroquiales, nos ha permitido desentrañar una suerte de rica información que nos conduce, a través de una elaborada y muy rica terminología, por un viaje atemporal que pretende sacar del anonimato a los protagonistas del renacimiento que experimentó la ciudad entre los reinados de los RR.CC. y Felipe III: camino que se inicia las últimas décadas del siglo XV, en pleno proceso transformador de la urbe, de sus calles, caminos e infraestructuras públicas bajo el patrocinio de Isabel I de Castilla. Atraviesa el largo siglo XVI, durante el que la ciudad fue dotada de un conjunto de residencias urbanas, magníficos conventos y amplias iglesias. Y muere ya en plena crisis del Imperio español, con el proceso constructivo de un conjunto de pequeños palacios como los de las familias Barrantes-Cervantes, Pizarro-Aragón y Carvajal-Vargas. Realizaciones que impusieron los últimos modos del manierismo español en la ciudad.
La arquitectura trujillana del siglo XVI puede clasificarse en tres períodos principales, aún cuando pueden proponerse otras subclasificaciones, que protagonizan y hacen posible una suerte de maestros locales y foráneos -de la Trasmiera, Vascongadas y portugueses, principalmente-. Así, entre los maestros de los años finales del '400 y las tres primeras décadas del nuevo siglo, debemos mencionar el clan de los Dávalos: Alonso, Antonio, Francisco, Gómez, Hernando, Juan y Luis; a los alarifes moros Mohamed Zegallón, Ruduan de Piedrahita y los hermanos Orellana; a Bartolomé Sánchez Castro, García de Secadura o los trasmeranos Juan de Fradua, García de Vergara y Diego de la Maza. Maestros de albañilería y cantería todos ellos, que de lo uno y lo otro se intitulan indistintamente1, encargados principalmente de la inicial transformación urbana que experimenta la ciudad durante los reinados de Isabel I y Carlos I.
Su arquitectura es sobre todo gótico-castellana, si bien toma ciertos elementos gótico-germanos -columnas entorchadas, balaustradas de tracería calada, arcos segmentos,..-, mudéjares -para el diseño y traza de plantas en residencias civiles; en los sistemas de cubrición; en los modelos de corredor continuo, esto es sin compartimentación en tramos, para patios, galerías y lonjas porticadas- e italianos. La mayor parte de las obras en que trabajan -Carnicerías, Tenerías, Alhóndiga, Casas del Concejo,...- son para uso de la comunidad, en las que prima, por tanto, la utilidad sobre el ornamento. Es por ello que sean también los responsables de una fluida transición desde los postulados del ornamento Isabel al primer Renacimiento desornamentado trujillano. Y decimos desornamentado porque si bien también hubo del otro, esto es del adorno plateresco, el primero, acaso por motivos de cronología, tuvo aquí más peso que este último.
Con todo, también trabajaron en obra civil y religiosa -conventos de San Francisco el Real de la Coria, de la Encarnación, San Miguel; casas de los Rol-Zúñiga, Alvarado, Chaves-Cárdenas,... -, en la que dejaron la impronta de un goticismo castellano de fábrica granítica que recuerda al de ciudades muy concretas de panorama geográfico peninsular como Segovia, Sigüenza, Cáceres, Burgos, Zamora,...
Tras esta fase inicial, a partir de la cuarta década del '500 toman el relevo del discurso arquitectónico dos nuevas sagas de arquitectos, parece que de origen trujillano -los Cabrera-Solís: Sancho, Alonso, Antonio, Hernando,...; y Becerra-González: Gonzalo, Francisco, jerónimo, Nufrio—. -, que ofrecen propuestas en ocasiones parejas -es frecuente verlos trabajar juntos en una misma obra, como de hecho sucedió en las parroquias de San Martín y Santa María o en el palacio de La Conquista-, en otras ciertamente distintas. Clanes a los que hemos de añadir otros ilustres nombres como los de Pedro Hernández Tripa -coautor del palacio de don Álvaro de Sande en Valdefuentes (Cáceres) -, Andrés y Benito de Aguilar, Juan de Marquina, Francisco Vizcaíno, Pedro de la Hermosa, etc. Son estos maestros los renovadores del lenguaje y el discurso arquitectónico en Trujillo, los que materializaron el cambio de la arquitectura gótico-mudéjar y germana que invadía el escenario urbano las tres primeras décadas del nuevo siglo, hacia una nueva forma de proceder, en la que los órdenes columnados, ciertos adornos "al romano" o nuevos edificios con galerías porticadas y soleadores van ganando protagonismo. Ahora bien, son también los portadores de una tradición, de unas fórmulas técnicas y geométricas y de un poso pluricultural, finisecular e irrenunciable que incorporan siempre a los renovados encargos -palacios, sepulcros, templos, casas de campo,... - de que son objeto: de ahí esa pervivencia casi constante de lo gótico o moderno en muchos de los proyectos ejecutados.
El más ilustre maestro de cantería que trabajó en Trujillo a partir de estas fechas y hasta 1574 fue Sancho de Cabrera Solís. De él sabemos que nació en la primera década del siglo XVI -circa 1508, si tomamos por cierta la edad de cincuenta y dos años que el mismo se atribuye en 1560: "El dicho Sancho de Cabrera, maestro de obras de cantería, vecino de la ciudad de Trujillo, estante al presente en esta villa de Medellín, de edad de cincuenta y dos años, poco más o menos... "2 - y que fue Maestro Mayor de obras de la diócesis de Plasencia3, aunque eso sí sometido por el Cabildo Catedralicio al control de otros arquitectos de fama superior, como Rodrigo Gil de Hontañón. A su mano e ingenio se debe en parte la ejecución de la parroquia placera de San Martín, del espléndido coro de la iglesia de Santa María -con bóveda plana que recuerda al estilo de Rodrigo Gil-, del palacio de La Conquista o, ya en la década de los setenta, poco antes de morir, del embalse de la Albuhera, donde coincidió con uno de sus primeros discípulos, el también maestro Francisco Becerra. Su estilo representa el mejor ejemplo de esa arquitectura hibridada de tectónica gótica ornamento renacentista llevada a cabo en la ciudad durante el siglo XVI. Además fue el más prolífico, polifacético e "internacional" -con permiso del citado Francisco Becerra- de todos los maestros trujillanos de su siglo, pues dejó su huella en arquitecturas civiles, campestres, conventuales, parroquiales, urbanas, ingenieriles. Asimismo trabajó en Cáceres, Guareña, Medellín, Garciaz o Jaraicejo, y fue el primer artista en introducir aquí el repertorio iconográfico de Sagredo y la métrica de Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de Alava.
Junto a estos dos grandes proyectistas destacan también otros importantes maestros de cantería como Jerónimo González, a quien se deben, entre otras obras, el escudo y balcón de esquina del palacio de La Conquista o las casas principales de los Marqueses de Santa Marta, cuyas trazas debió dibujar, sin embargo, Francisco Becerra4. Y Gonzalo Becerra, probable autor de las casas principales de Juan de Orellana-Pizarro, cuyo patio interior, doblemente claustrado, ornamentado con zapatas, capiteles itálicos, balaustrada de putti y cerrado con forjados continuos, esto es, desprovisto de bovedaje y tramos, vienes a ser el primer ejemplo de la arquitectura alcalaína, toledana y segoviana -pensemos en el desaparecido claustro de Covarrubias para el palacio arzobispal de Alcalá de Henares o en el palacio del cardenal Espinosa en Martín Muñoz de las Posadas, Segovia- ejecutada en la ciudad. Acaso también el primer nexo que conecta nuestra arquitectura con los modelos propuestos en sus Medidas del Romano (Toledo, 1526) por Diego de Sagredo.
Una última etapa, que ocuparía, sobre todo, las tres últimas décadas del siglo XVI, en las que se observa una progresiva aunque incompleta asimilación de la teoría de los órdenes; también y paradójicamente una mayor libertad creativa en el diseño de fachadas y puntuales ingenios, vendría protagonizada por dos nuevos miembros del clan Becerra-González: Francisco, cuya obra trujillana estudió Solís Rodríguez, y Francisco Sánchez. Autores ambos responsables de la mayor parte de los proyectos levantados entre 1565 y 1591, cuales los templos de San Francisco y Santo Domingo; el claustro del convento de dominicas de San Miguel; el hospital del Espíritu Santo; la puerta de la dehesa de las Yeguas; la Capilla del Buen Gobierno del Ayuntamiento; la nueva Alhóndiga y Casa de Comedias; etc. Con ellos se formarán dos nuevos maestros, cuyo legado traspasará la frontera cronológica de este siglo: García o Garci Carrasco5y Diego González. Ambos enarbolarán con sus obras la bandera del cambio o, si se prefiere, protagonizarán la transición hacia los modelos del último Renacimiento, por algunos llamados primer Barroco o Clasicismo Barroco. Y digo último Renacimiento porque es ahora y sólo ahora cuando aquí se construye con el ritmo, la proporción, el equilibrio y la apariencia de los postulados más sobrios de Sebastiano Serlio y, algo más en la distancia, de Jácome de Vignola. Como de un plumazo desaparecen los fustes abalaustrados y los órdenes compuesto y corintio, dando paso a fábricas de pilastras toscanas y pilares áticos.
El texto que acompaña esta breve presentación, busca sacar del anonimato a más de un centenar de canteros, carpinteros y maestros de la construcción que trabajaron en Trujillo y su Tierra durante los siglos arriba referidos.
También puntualizar algunas informaciones acerca de sus biografías, y, sobre todo, dar autoría a una suerte de edificios y obras municipales de las que se conocía muy poco.
Con todo este trabajo no es sino una pequeña aportación a la historia de esta magnífica ciudad, fruto de los anexos de nuestra Tesis Doctoral titulada: El Desarrollo arquitectónico y urbanístico de la ciudad de Trujillo (Cáceres) durante el siglo XVI6.
1 Es muy posible que el peso de la construcción en Trujillo lo llevaran aquellos años miembros de la comunidad morisca, entonces acorralados en su aljama cercana a la plaza del Arrabal, que trabajaban indistintamente con piedra, barro y madera. Lo que explicaría la confusa y variada terminología con que escribanos y notarios testimonian sus nombres y oficios -albañiles, canteros, carpinteros-, llegando a calificar a un mismo artista de lo uno o de lo otro, sin duda porque estos se intitulaban asi indistintamente. El papel exponencial de estos maestros de la construcción aquellos años queda claro tanto por la cantidad de alarifes que recoge la documentación trujillana y de otras localidades como por la calidad de las obras ejecutadas; fenómeno que caracterizará la arquitectura de otros núcleos cercanos como Cáceres o Salamanca -pensemos en los artífices de la bóveda de la antigua biblioteca de la Universidad, Yuça y Abra yme, luego después exornada con el ciclo cosmológico que pintara Fernando Gallego-: «El vicerrector dijo que Abrayme había cerrado la bóveda de la librería, y que la universidad le había prometido seis mil maravedíes por su industria. Acordaron pagárselos [...]». Doc. en: MARCOS RODRÍGUEZ, F., Estratos de los libros de claustros de la Universidad de Salamanca. Siglo XV (1464-1481), Salamanca, 1964, p., 291.
2 Archivo de la Real Chancillería de Granada (A.R.CH.G.), Relación Sacada de la Probanza..., 1560-1579, Caja 1094/5, f., 96v.
3 SOLÍS RODRÍGUEZ, C., "El Arquitecto Trujillano Sancho de Cabrera (15007-1574)", V Congreso de Estudios Extremeños, Badajoz 1975.
4 Fue su hijo, Francisco Sánchez, colaborador de Becerra, y autor de la Capilla del Buen Gobierno del Ayuntamiento, del claustro del Convento de San Francisco o de los soportales de la plaza del Arrabal
5 Véase el magnífico trabajo del Dr. TEJADA VIZUETE, F., Fuentes documentales para el estudio tic la arquitectura de los siglos XVII y XVIII en Mérida y su entorno, junta de Extremadura, Badajoz, 2004. Cfrs. etiam: SANZ FERNÁNDEZ, F., "El palacio de los Barrantes-Cervantes. El diálogo arquitectura-ciudad entre dos proyectos diacrónicos", en Trujillo desde el Barroco al Neoclasicismo, Real Academia de Extremadura de las Letras y Artes, Badajoz, 2004.
6 Dirigida por la Dra. Lozano Bartolozzi y defendida en noviembre de 2008 en la Universidad de Extremadura. Trabajo que fue calificado con un Sobresaliente cum laude por unanimidad por los doctores Bonet Correa, de la Plaza Santiago, Camacho Martínez, Darias Príncipe y Diez González.