¿Otro diccionario más...?, esperamos que no. La finalidad principal de este libro es ayudar al lector a que aprenda a ver arquitectura. Es algo más que una obra de consulta para determinar cómo se llama o qué es tal o cual ele mento arquitectónico. Nos interesa sobre todo que, tras su manejo, el lector sea capaz de detectar ese componente en sus viajes y visitas por cualquier lugar del mundo.
La cultura es divertida, por eso esta obra está planteada para conseguir un mayor conocimiento de la realidad que nos rodea, y con ello disfrutar más, entender sus partes y saborear cada uno de los «platos» que nos ofrece la construcción y el diseño. Es ahí donde ofrecemos una aportación adicional. A los característicos detalles de un diccionario clásico (definición, etimologías, traducciones, etc.), se añaden elementos visuales (dibujos, fotografías e infografías) que ayudan a comprender mejor el término, pero... hay algo más. Junto a la definición básica y escueta de cada voz, aparece una información más amplia que nos indica «lo que hay detrás»: su estructura, su historia, su razón, su evolución, sus características, etc. Ese «algo más» es lo que permite que cuando veamos arquitectura sintamos también «más». Al visitar Amberes y el gran río Escalda que lo atraviesa, sentados en su orilla, podemos ver un simple río o bien conocer alguno de sus terribles secretos: su lecho fue alfombrado con cadáveres de españoles durante casi un siglo. Así, al observar un acanto, recordaremos a la misteriosa joven muerta que inspiró a Calímaco; o tras una arquivolta románica, se nos abrirá un mundo tierno, en parte infantil y didáctico a la vez: los Tres Reyes Magos en la Iglesia de Santo Domingo de Soria, durmiendo en el mismo lecho, con las piernas dobladas bajo las sábanas y el rostro sonriente.
La arquitectura es algo intrínseco a nosotros mismos, refleja nuestro mundo, nos hace hablar con los muertos, entenderlos, saber de sus inquietudes y deleitarnos con sus realizaciones. junto con las ideas, es uno de los principales legados de la humanidad. Forma parte de nuestro ser, ha avanzado a la par de nuestra civilización, siendo testigo de nuestra evolución, sentimientos, organizaciones, estructuras sociales y mentales, desde la arquitectura megalítica (con sus menhires, dólmenes, alineamientos, crómlech), que representaba nuestro despertar, nuestra juventud con inmensos zigurats y colosales pirámides, hasta las actuales construcciones, tan variadas y a la vez únicas, que reflejan el presente. Y en el punto medio la madurez, con una arquitectura clásica a nivel mundial que, aún hoy, nos asombra y curiosamente, como diría Gombrich, «funciona bien (...), encaja con nuestras predisposiciones psicológicas». Por eso, cuando la miramos, nos transmite sensaciones de armonía, belleza, unión con el universo, etc. La arquitectura ha caminado con nosotros, sus manifestaciones forman parte de nuestro ser. Y eso, en todo el mundo, sin distinción. Pese a los matices y características locales, hay pautas que se repiten en civilizaciones lejanas en el tiempo y el espacio, como las colosales pirámides de Egipto y Mesoamérica o los atlantes de Tula y el Hermitage. En cualquier caso, esas construcciones reflejan nuestros sentimientos e ideas: catedrales, mezquitas, sinagogas, etc., son edificaciones dedicadas a los dioses; termas, gimnasios, lo son para el goce humano. Pero todas ellas muestran la manera de ser y sentir de sus creadores, como observamos en los templos desde Salisbury en Inglaterra a Khaiuraho en la India.
Bruno Zevi escribe en Leer, escribir, hablar arquitectura acerca del lenguaje moderno de la arquitectura para referirse a la necesidad de codificar una lengua arquitectónica distinta de la del clasicismo. Estamos de acuerdo en que el fin consiste en dejar de hablar de arquitectura para hablar arquitectura. En este sentido, consideramos fundamental recurrir a la semiótica: los lenguajes y signos no verbales (dibujos, fotografias e infografías) y los verbales, complementados ambos para conseguir comunicar arquitectura, que es de por sí un sistema de signos que comunica en sí mismo.
Indagando en la bibliografía actual relacionada con el léxico de arquitectura, se puede comprobar que existen básicamente dos tipos de diccionarios y glosarios: los clásicos, basados en definiciones lingüísticas que en muchas oca siones no son inteligibles para un receptor no especializado; y los visuales, en los que se combinan imagen y palabra y, por tanto, resultan más asequibles. Este diccionario, como libro en el que se recogen y explican en un orden alfabético las principales voces de la arquitectura, forma parte de estos últimos, en el afán de cumplir con dos aspectos que echábamos de menos: reunir toda la información recogida en los principales tratados y diccionarios sobre esta materia, y representar gráficamente cada uno de los elementos y aspectos que la constituyen.