La cerámica es el mejor testimonio material de lo que ha sido el largo devenir humano. El hombre la fue inventando poco a poco a partir del momento en el que obtuvo el barro, seguramente por casualidad (resultado de la capacidad de hidratación de la arcilla), y descubrió sus cualidades básicas: plasticidad y resistencia (obtenida esta última al endurecerse tras la cocción gracias a un nuevo proceso de deshidratación). A partir de este descubrimiento inventó diversos procedimientos técnicos para darle forma (a mano por urdido, ayudado por tornos o empleando moldes); creó variados sistemas de decoración (como el cercillado y la aplicación de cordones en relieve, usados también como refuerzo; la ornamentación incisa, la impresa o estampillada y la pintada con engalbas, óxidos o complejas fórmulas de prolongada elaboración como la de la loza dorada o reflejo metálico); explotó la consistencia porosa del barro cocido o la cambió por medio de la aplicación de alguna cubierta impermeabilizante (barnices y esmaltes); perfeccionó los sistemas de cocción (a fuego abierto, mediante hornos de una, dos o más cámaras, o de muffa); descubrió las arcillas adecuadas para la manufactura de las piezas más delicadas (como la porcelana verdadera o caolínica y sus imitaciones de pasta tierna) y fue extendiendo la aplicación de la cerámica a las más variadas funciones, creando todo tipo de vasijas y piezas de revestimiento arquitectónico. La cerámica pasó a ser un material indispensable, presente de muy diferentes maneras en la vida cotidiana y a lo largo de todo el ciclo vital humano, lo que la convirtió -tal y como decíamos al principio- en el mejor testimonio de nuestra historia pasada.
Dentro de la alfarería tradicional española, extinguida casi en su totalidad entre los siglos xix y xx, se encuentra la producción tinajera. La tinaja, su pieza más representativa, tiene un particular atractivo que no ha pasado desapercibido ni a estudiosos ni a coleccionistas, determinado por su tamaño -mayor por lo general que el resto de piezas de uso común-, por la variedad de modelos -pues puede presentar perfiles distintos, aunque formen parte de una misma tipología y se destinen a idéntica utilidad-, por las variantes en su proceso de fabricación casi siempre visibles en su factura final -manual, a torno o de técnica mixta-, por la variedad de sus ornamentaciones -incisas, estampilladas, superpuestas en relieve o pintadas-, y, en definitiva, por la belleza de las piezas -siempre singulares por la rotundidad de sus perfiles y su natural rusticidad. En realidad, la tinajería tradicional española parte de las técnicas inventadas por los alfareros neolíticos, ibéricos y musulmanes, conservadas en buena parte, reelaboradas a lo largo del tiempo y transmitidas de generación en generación, sistemas de trabajo que se adaptaron al tipo de arcillas disponibles, se mantuvieron en tanto que servían para realizar las piezas demandadas y fueron adoptando con el paso de los años peculiaridades propias que son las que hacen que hoy diferenciemos la producción tinajera de los distintos lugares geográficos, así como lo obrado en sus correspondientes alfares. Todo esto ha determinado la rica variedad de esta producción cerámica española.
Este libro se dedica precisamente al estudio de la tinajería tradicional española. Sus autores, Alfonso Romero Vidal y Santi Cabasa Calpe, son ya conocidos por ello y no necesitarían presentación. A Alfonso Romero -dedicado profesionalmente a la investigación en el campo de las ciencias biomédicas- y a Santi Cabasa -centrado durante algunos años en el estudio de la cerámica tradicional de los pueblos del Pacífico (Papúa-Nueva Guinea, Vanuatu, Fiji, Filipinas, Nueva Zelanda y Australia)- les unió su común interés por la cerámica popular española, surgido inicialmente a través del coleccionismo (el primero cuenta con una excelente colección) e inmediatamente ampliado a su deseo de rescatar una producción de barro que se perdía irremediablemente con la extinción de los alfares tradicionales a la vez que de alcanzar un conocimiento más amplio sobre las piezas, los alfareros y los métodos de producción. Con esta última pretensión iniciaron una investigación sobre la tinajería española que comenzó en la década de 1970, con estudios aislados en determinados centros, y se planteó de manera continuada y sistemática a partir de 1990, con el objetivo de que su trabajo pudiera difundirse finalmente por medio de una publicación. Esta común vocación hacia el estudio de la cerámica popular les ha llevado a perfilar un currículo directamente relacionado con el tema, de modo que ambos son miembros de la Asociación de Ceramología (AC) de Agost (Alacant), dedicada, entre otras cosas, a la convocatoria de un congreso anual que, reunido en diferentes lugares de la geografía española, da a conocer y difunde los conocimientos sobre la cerámica; los dos forman parte como especialistas de la comisión asesora del Museu de Cerámica Popular, inaugurado en L'Ametlla de Mar (Tarragona); Alfonso Romero ha sido vocal y es actualmente presidente de l'Associació Catalana de Cerámica Decorada i Terrissa con sede en Barcelona, a la vez que miembro del consejo de redacción de su revista (Butlletí Informatiu de Cerámica Decorada i Terrissa), y ambos han realizado de forma independiente o conjunta diferentes aportaciones a congresos y publicaciones, entre las que debe destacar su libro La tinajería tradicional en la cerámica española. Zona meridional, aparecido en 2000.
Precisamente dentro de este contexto debe inscribirse el nuevo libro que presento bajo el título Tinajería tradicional española, que no hace sino continuar el anterior, preocupándose en esta ocasión de otra área peninsular, y que deberá completarse en poco tiempo con la publicación de un nuevo volumen (Tinajería tradicional española. Zona centro y nordoccidental) a cargo de esta misma editorial. Este libro, que se ocupa de la Comunitat Valenciana, Catalunya, Balears y Aragón, es el resultado del metódico trabajo de investigación desarrollado, sobre todo, entre 1990 y 2002, enriquecido con las nuevas informaciones que pudieron ir recogiendo hasta 2006 e incorporaron a su redacción final. Se trata de un planteamiento de trabajo perfecto, pues reúne una metodología en la que se han combinado todas las vías de estudio posibles: el trabajo de campo con viajes a los distintos alfares, entrevistas y encuestas a cuantos podían ofrecer algún tipo de noticias, que ha proporcionado el grueso de la información sobre las últimas producciones tinajeras tradicionales, la consulta de los archivos municipales en cuantos casos ha sido posible, que ha ratificado y complementado la anterior con el hallazgo de noticias más antiguas; la búsqueda y localización de los restos de hornos, obradores y testares en determinados centros, gracias a la cual se han podido obtener mayores precisiones sobre las técnicas de trabajo y la producción cerámica del pasado; el inventario de las piezas conservadas in situ o en poder de antiguos alfareros, que ha proporcionado una información que enriquece y precisa la obtenida mediante el estudio directo de las piezas de tinajería conservadas en museos o colecciones particulares, que también han sido recogidas y estudiadas para este libro (en este caso, los conocimientos compartidos con otros coleccionistas han sido también muy importantes); y la recopilación de fuentes bibliográficas diversas, que les ha permitido trazar la evolución histórica de la tinajería de bastantes lugares (catastros, como el del marqués de la Ensenada; fuentes básicas, como la de Pascual Madoz, y listados de alfareros, como los que se citan en los anuarios comerciales consultados desde 1879 a 1957), uniendo estos conocimientos a los ya sabidos, presentes en la relativamente extensa bibliografía de libros y artículos sobre alfarería aparecidos hasta la fecha.
El resultado de todo este trabajo se encuentra ordenado en los cuatro grandes capítulos en los que se distribuye este libro, dedicados a la tinajería de las cuatro comunidades en las que se centra esta investigación, divididas a su vez por provincias del siguiente modo: Comunitat Valenciana (Castelló, Valencia, Alacant); Catalunya (Tarragona, Lleida, Barcelona); Balears (Mallorca, Menorca, Eivissa); y Aragón (Teruel, Zaragoza, Huesca). A lo largo de este recorrido, el lector podrá seguir la historia -siempre apasionante- de lo cotidiano, de una actividad alfarera prácticamente perdida que nos informa acerca de la vida pasada en las ciudades y pueblos españoles. Sabrá la localización geográfica de sus alfares, el número de obradores que hubo en cada uno de ellos y la variedad de talleres que pudieron estar en activo, sobre los que se aportan, además, numerosas fotografías y dibujos de los lugares de trabajo, de los hornos y de los útiles esenciales empleados a lo largo de todo el proceso de fabricación de las piezas, de acuerdo con su técnica. Conocerá también los nombres de muchos de sus alfareros, de las sagas familiares dedicadas a este oficio de generación en generación, revividos aquí para el recuerdo al nombrarlos y aportarnos su imagen con fotografías. Descubrirá, asimismo, su producción tinajera, al observar la inimaginable (para el profano) gama cromática de sus barros, la diversidad tipológica de piezas englobadas bajo el término general de tinajería, la riqueza de formas conseguidas para una misma utilidad y la variedad de técnicas decorativas empleadas (incisas, impresas, pintadas, cercilladas o con adición de otros materiales) y de sus repertorios ornamentales, representativo todo ello de la enorme creatividad humana vertida incluso en las más modestas piezas de uso. Podrá, asimismo, reconocer los sellos, cuños o marcas que hacen que se distingan algunas producciones tinajeras, así como saber la razón por la que se estamparon sobre las piezas (distinción de tamaños, modo de diferenciar la obra de cada alfarero a la hora de sacar las tinajas de los hornos comunales, sello familiar, constancia de su nombre y fecha, decoración), y comprenderá igualmente las relaciones e intercambios entre los alfares, así como la difusión de sus producciones, difundidas por áreas más o menos extensas. Y todo esto explicado con el específico léxico alfarero empleado en cada centro, pues han recogido los diferentes términos usados para denominar a los mismos objetos o iguales actividades en cada zona geográfica, lo que constituye una riqueza linguística recuperada que es también otra de las aportaciones de esta investigación.
En resumen, los que nos dedicamos al estudio de la cerámica podemos decir que estamos de enhorabuena por los muchos conocimientos que este libro nos aporta sobre la tinajería española (zona nordoriental), bien redactados y muy bien ilustrados, todo ello fruto del trabajo cuidado, metódico y riguroso llevado a cabo a lo largo de más de doce años por Alfonso Romero y Santi Cabasa, dos reconocidos especialistas que no precisaban mi presentación.
Zaragoza, 8 de marzo de 2007.
María Isabel Álvaro Zamora.
Catedrática de historia del arte de la Universidad de Zaragoza.