Demos la bienvenida a la cerámica de Hellín de la que poco se sabía y que presenta el aspecto de producción basta con vidriado estannífero y unos rasgos decorativos sencillos con el aroma y sabor de lo genuinamente popular. Debemos las primeras noticias a Francisco Javier López Precioso1 que documenta la colección Escandell, guardada en el Museo Comarcal.
Hagamos un poco de historia, Hellín, hoy provincia de Albacete, perteneció en la antigüedad al Reino de Murcia. En plena edad media, los territorios habían sido encomendados a la Orden de Santiago que hizo muy poco por la prosperidad de la zona. Importa destacar que en la Edad Moderna, Murcia experimenta un gran aumento de población por la llegada de moriscos granadinos que se dedicaron a la agricultura y a la artesanía de la seda y del barro, situación que llegó hasta su expulsión del valle de Ricote, donde se encuentra Hellín, en 1614. La expulsión fue económicamente catastrófica. Ya en el XVIII una familia procedente de la vecina Mula se asentó en Ricote y compró tierras abandonadas a precios bajos. Hay que tener en cuenta que esta familia -los Llamas- eran desde antiguo arrendadores de las tierras de la orden de Santiago, situación que continuó a lo largo del siglo XVIII y parte del XIX hasta que se produjo la disolución de la orden de Santiago y sus bienes adquiridos por familias.
La vida de los habitantes del valle hay que entenderla por la impronta dejada por los moriscos, buenos conocedores de oficios imprescindibles en la cotidianidad, en el día a día. Hay que repetir una y otra vez, y más en estos tiempos de inmigraciones extranjeras, con el recelo de inquietud que siempre producen, la inmensa deuda que los reinos de España tienen con la cultura musulmana en cuanto a las lozas de vidriado estannífero y decoración azul.
Las lozas de Hellín tienen la facha, es decir, la apariencia, de lo genuinamente morisco, y por tanto se parecen a las de Fajalauza, Muel, Teruel y Talavera en su arranque cerámico. Son lozas baratas, simples, con poco estaño en el vidriado y las formas revisten la misma simplicidad funcional: fuentes redondas, platos de diversos tamaños, alguna jarra, algún especiero, alguna bacía de barbero.
La raíz morisca está presente también en algunos nombres dados a estas piezas, como los lebrillos de buen tamaño llamados zafas, palabra que se recoge como aljofaina y alborma propia del reino de Murcia y Andalucía, en el Diccionario de Autoridades (1737). Asimismo, uno de los motivos que adornan el centro de platos, e incluso bordes se le denomina colleja, es decir una hierba silvestre que crece en el trigo y que es comestible, típica de la cocina popular manchega, como nos cuentan López Precioso y Abraham Rubio2.
Incluso en lo más humilde como es la cerámica popular, hay evolución, y ya son del XIX las placas con los nombres de las calles.
Como ocurre con las producciones alfareras o lozeras, las noticias documentales son tardías. En cuanto a las lozas, las primeras noticias las divulga Francisco Mariano Nipho, hijo de napolitano pero nacido en Alcañiz en 1719. Funda el Correo General de España (1770), periódico protegido por la Real Junta de Comercio, con el fin de ilustrar y combatir la escasa laboriosidad de los españoles y su despreocupación por los problemas económicos3.
Cuando el corregidor de Hellín contestaba a Nipho sólo hablaba de una "fábrica de vidriado blanco ordinario, dirigida desde tiempo inmemorial por maestros alfareros que trabajan ... para adquirirse el mantenimiento". Un poco más tarde, en la encuesta de Tomás López, fechada entre 1786-89, se mencionan cuatro fábricas de "loza entre fina donde se fabrican de 400 a 500 mil piezas de todos tamaños y figuras". Una producción tan numerosa indica que el comercio se extendía por la comarca y la región.
En la descripción de España de 1827 se citan "En Hellín, manufacturas de vidriado". En el excelente Diccionario de Sebastián Miñano (1826-29) se clasifican y especifican las labores de Hellín que tienen al barro como materia prima, al decirnos "... una de cántaros, jarras, ladrillos, teja, etc; y otra de bajilla basta, surtiendo las de la primera a muchos pueblos, y las de la segunda a casi toda la provincia ... por su baratura y solidez".
Madoz en su Diccionario (1847) también cita la alfarería hellinera, si bien con menor descripción clasificatoria. A partir del XIX, con la invasión de lozas de Manises, Talavera, y Puente del Arzobispo más evolucionadas con brillantes policromías, se acentúa más el origen morisco de las lozas hellineras.
Con respecto a la alfarería sin vidriado, de cántaros con sencilla decoración incisa, debemos las noticias primeras a Domingo Sanz Montero y Severiano Delgado, en Viaje a los alfares perdidos de Albacete (1991)4.
Quiero terminar animando a la búsqueda de testares y excavaciones, como parece ser es el propósito del Museo de Hellín, porque de esa manera puede modificarse el actual mapa alfarero y cerámico de España.
1 E. J. LÓPEZ PRECIOSO: "La cerámica hellinera blanca y azul. Una gran desconocida", ZAHORA, 1998, N° 27, Albacete, pág. 12.
2 F. J. LÓPEZ PRECIOSO, op. cit., 1998, A. RUBIO CELADA, "Vajillas hellineras en el Liétor de los siglos XVIII y XIX", XXII ciclo de conciertos en los órganos de Liétor, Liétor, mayo-junio, 2004.
3 J. L. ALBORG, Historia de la literatura española, Madrid, 1985, vol. 111, pp. 63 - 70.
4 D. SANZ MONTERO y S. DELGADO, Viaje a los alfares perdidos de Albacete, Madrid, 1991.